Pasa más de lo que parece y siempre cae mal: te han copiado la web. Los textos, las fotos, a veces hasta la estructura entera con los nombres de tus servicios. La primera reacción es escribir enfadado; la segunda, no hacer nada. Ninguna de las dos funciona, y hay un orden que sí.

Cómo te enteras, casi siempre por casualidad
Nadie sale a buscar esto. Aparece cuando un cliente te dice «he visto una web igual que la tuya», cuando miras a la competencia por otra cosa, o cuando pegas una frase tuya en el buscador y salen dos resultados.
Esa última es la comprobación más rápida que existe: coge una frase de tu web que sea tuya de verdad, ponla entre comillas en el buscador y mira cuántas webs la tienen. Si sale más de una, ya sabes por dónde empezar.
Guarda la prueba antes de decir nada

Este es el paso que más gente se salta, y el que más cuesta después. En cuanto escribes al que ha copiado, lo normal es que borre o cambie la página en horas. Si no lo has guardado antes, te quedas sin nada que enseñar.
Las cuatro cosas que hay que guardar hoy
- Capturas de pantalla completas de cada página copiada, con la dirección visible.
- La página impresa a PDF, que guarda la fecha y el texto seleccionable.
- La copia archivada: la Wayback Machine guarda versiones antiguas de las webs y permite enseñar desde cuándo existe tu texto y desde cuándo el suyo.
- Tus propios borradores: el documento donde escribiste esos textos, con su fecha de creación, vale más de lo que crees.
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Qué está protegido y qué no
Aquí es donde se descarta la mitad de los enfados. Lo que protege la ley es cómo lo has escrito, no la idea. Que otro tenga una página de servicios, un apartado de preguntas frecuentes o una sección de precios no es copiar: es hacer una web.
Copiar es que tus párrafos aparezcan tal cual, o casi, en otra parte. Y también que cojan tus fotos, tus vídeos o tus ilustraciones. Los datos sueltos —un horario, una dirección, un precio— no son tuyos en ese sentido.
No hace falta registrar nada para tener derechos
Es el malentendido más repetido. En España la protección nace en el momento en que creas la obra, sin trámite ninguno: lo dice el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual. No hay que registrar el texto de tu web para que sea tuyo.
La OMPI lo explica igual para el resto del mundo en su página sobre derecho de autor: el derecho existe desde la creación, y el registro es otra cosa.
El registro no es obligatorio, pero deja fecha
Lo que sí aporta el Registro de la Propiedad Intelectual es una fecha oficial y una presunción a tu favor si algún día hay discusión. Para una web entera casi nadie lo hace, y tampoco hace falta.
Para el día a día, con tener los borradores fechados, las facturas de quien te escribió los textos y las copias archivadas de tu propia web vas bien servido.
Las fotos son el caso más fácil
Con el texto siempre cabe la discusión de si «se parece» o «es igual». Con una foto no: o es la misma o no lo es. Si además es tuya, hecha en tu local y con tu gente, el asunto se resuelve solo.
Por eso insistimos tanto en que las fotos sean propias y no de banco de imágenes, como contamos en fotos para tu web. Y si en ellas sale gente, con sus permisos en orden: eso está en fotos con personas y permisos.
Lo que sí es legítimo copiar
Conviene aceptarlo para no pelearse con molinos. La estructura general de una web de servicios, el hecho de tener un botón de WhatsApp, una sección de opiniones o un formulario corto no es de nadie. Las buenas prácticas son públicas y se copian todo el rato.
El límite está en tus palabras y en tus imágenes. Si te quitan eso, tienes razón; si te copian el orden de los apartados, tienes un competidor espabilado.
Qué le pasa a tu posicionamiento con dos webs iguales
Google no reparte multas por texto repetido, y esa es una idea muy extendida y falsa. Lo que hace es más incómodo: elige una de las dos versiones para enseñar en los resultados, y no siempre elige la original.
Si la web que te ha copiado tiene más antigüedad o más enlaces, puedes acabar desapareciendo de tus propias frases. Cómo se mira eso está en por qué mi web no aparece en Google, y el papel del título y la descripción, en título y meta descripción.
El primer paso no es un abogado, es un correo

En la mayoría de casos que hemos visto, el que ha copiado no es un pirata: es un negocio pequeño al que alguien le hizo la web deprisa, o el cuñado que «cogió cosas de internet». Un correo correcto lo arregla en dos días.
Qué poner en ese correo y qué no
- Quién eres y qué es tuyo, con la dirección de tu página y la suya.
- Qué párrafos o fotos concretos están copiados. Lista corta, sin discursos.
- Qué pides: que lo retiren o lo reescriban, y en cuántos días.
- Nada de insultos ni de amenazas raras. Un correo tranquilo se contesta; uno agresivo se reenvía a un abogado y se alarga tres meses.
Si no contestan, el aviso a quien aloja la web
Cuando el correo no llega a ninguna parte, el siguiente escalón es la empresa que aloja esa web. Los alojamientos tienen un procedimiento para avisos de contenidos y suelen reaccionar, porque a partir del momento en que saben lo que pasa les interesa actuar.
Para saber a quién escribir se mira quién tiene el dominio y dónde está alojado, que es lo mismo que explicamos en de quién es tu dominio.
Sacarlo de los resultados de búsqueda
En paralelo se puede pedir a los buscadores que retiren de sus resultados la página que reproduce tu contenido. Es un trámite aparte del anterior y sirve aunque la web siga viva.
Los dos sitios donde se reclama
- Quien aloja la web, para que el contenido desaparezca de internet.
- El buscador, para que deje de enseñarlo mientras tanto.
Los dos piden lo mismo: direcciones exactas, qué es tuyo y por qué. Con la prueba guardada del principio se rellena en un rato.
Te lo decimos en una conversación de diez minutos
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Cuándo compensa llegar más lejos
Esto no es asesoramiento jurídico, y el paso siguiente sí es de abogado. Nuestra experiencia es que compensa cuando hay dinero de por medio: te han copiado entera, están cerca de ti y os dirigís a los mismos clientes.
Si es una web de otra provincia que copió dos párrafos, el correo y el aviso al alojamiento suelen bastar. Pelear cuesta tiempo y el tiempo también se paga.
El caso incómodo: la agencia que reutiliza tu web
Pasa, y no siempre con mala intención. Alguien hace una web para ti y meses después monta otra muy parecida para un negocio del mismo sector, con los mismos textos cambiados a medias.
Aquí lo que decide es lo que firmasteis. Por eso conviene dejar por escrito desde el principio que los textos y las fotos son tuyos, lo mismo que el dominio. Nosotros lo decimos claro: el material es del cliente.
Cómo se protege una web sin volverse loco
No hay forma de impedir que alguien seleccione tu texto, y perseguirlo es perder el tiempo. Lo que sí se puede es ponérselo difícil y dejar rastro de que llegaste antes.
Cuatro medidas que sí sirven
- Escribir cosas que solo puedas escribir tú. Casos reales, nombres de calles, la forma de trabajar de tu negocio.
- Fotos propias en vez de banco de imágenes, que además se ven mejor.
- Publicar con fecha: un blog con entradas fechadas deja constancia de cuándo apareció cada texto, y de eso va un blog para empresas.
- Revisar una vez al año pegando dos o tres frases tuyas en el buscador.
Lo que no sirve para nada
Bloquear el clic derecho, desactivar el copiar y pegar o llenar las fotos de marcas de agua enormes. Lo primero se salta en dos segundos, lo segundo molesta a los clientes que quieren copiarte el teléfono y lo tercero estropea las fotos que tanto te costó hacer.
Y tampoco sirve poner un aviso de «prohibida la reproducción» en el pie: tus derechos existen igual, con aviso o sin él. Lo que sí tiene que estar en el pie son los textos legales de tu web.
Y si quien ha copiado eres tú sin darte cuenta
También lo vemos. Una web antigua hecha por alguien que «cogió cosas» y textos que llevan años ahí sin que nadie los mirara. Si te llega un aviso, la respuesta razonable es retirar lo que sea, contestar y reescribirlo. Cuesta menos que discutir.
Cómo se escriben esos textos desde cero, sin copiar a nadie, está en textos para tu página web.
Cuánto cuesta rehacer los textos y las fotos
Si llevamos tu web, rehacer los textos de una página entra en el mantenimiento y no se cobra aparte. Si hay que rehacerla entera, va por proyecto y con presupuesto cerrado por escrito antes de empezar.
En nuestros precios, Tu Landing son 100 € al mes y Tu Web 200 €, más IVA y sin permanencia, con dominio, alojamiento, correo y mantenimiento dentro; los planes de presencia van a 400, 750 y 1.500 € al mes. Si lo que quieres es publicar contenido propio de forma regular, eso es el servicio de artículos para la web.
Desde Sant Antoni de Calonge, con negocios de Girona y Barcelona
Si te acabas de encontrar tus frases en otra web, haz la prueba de las comillas en el buscador, guarda las capturas y mándanoslas por el formulario o por WhatsApp. Te decimos qué es discutible, qué no lo es y cuál es el siguiente paso sin gastar dinero.
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