«Queremos una app para el negocio». La frase entra por el formulario varias veces al mes y casi siempre viene con la misma pregunta detrás: cuánto cuesta. La respuesta útil no es un número, es otra pregunta: ¿cuántas veces al mes la va a abrir la persona que tiene que usarla? De ahí sale todo lo demás.

Las tres cosas que la gente llama «app»
Antes de decidir nada conviene separar tres cosas que suenan igual y cuestan muy distinto.
- La app de la tienda. Se descarga de App Store o Google Play, se instala en el móvil y, para cambiar una coma, hay que publicar una versión nueva.
- La web que se instala. Se abre en el navegador, el usuario la añade a la pantalla de inicio y a partir de ahí tiene su icono y se abre a pantalla completa, sin barra de navegador. No pasa por ninguna tienda.
- La web de siempre vista en el móvil. Sin icono y sin instalar: un enlace y ya está.
La mayoría de las conversaciones empiezan pidiendo la primera y acaban en la segunda. No por recortar: porque hace lo que hacía falta y no arrastra la mitad de los problemas.
La pregunta que lo decide: cuántas veces al mes la abre
Descargar una app tiene peaje. Hay que buscarla, fiarse, esperar, aceptar permisos y hacerle sitio en un móvil que siempre está lleno. Ese peaje solo se paga cuando quien instala sabe que va a volver.
La regla que usamos es corta: si quien la tiene que usar no la va a abrir por lo menos una vez a la semana, la app acaba borrada. Y si no se borra es peor, porque se queda en la tercera pantalla y nadie vuelve a verla.
Por eso una gestoría con la que hablas dos veces al año no necesita app, y un taller al que llevas el coche cada doce meses tampoco. Lo que necesitan es que la web vaya fina en el móvil y que escribirles cueste un toque.
¿Quieres saber qué te costaría a ti?
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Los tres casos en los que una app sí compensa
Existen, son claros y casi siempre son el mismo tipo de negocio. Van por orden de frecuencia real, de lo que más vemos a lo que menos.
1. La usa tu equipo todos los días
Instaladores, repartidores, técnicos de mantenimiento, comerciales de calle: gente que trabaja fuera y abre la herramienta diez veces al día. Aquí el peaje de la instalación se paga una vez y se amortiza esa misma semana.
2. Hace falta algo que el navegador no hace bien
Leer códigos de barras uno detrás de otro, seguir la ruta con el GPS en segundo plano, hablar por Bluetooth con una máquina, trabajar horas enteras sin cobertura y sincronizar al volver. Cuando el trabajo va por ahí, la app nativa deja de ser un capricho.
3. Tienes clientes que vuelven cada semana
Pedidos que se repiten, reservas frecuentes, una fidelización que ya funciona. Si tienes una base de gente que vuelve sola, la app les ahorra pasos. Si todavía no la tienes, la app no la crea: eso lo hace el producto, no el icono.

La web que se instala: el camino de en medio
Es lo que resuelve la mayoría de los casos que nos llegan. Una web preparada para instalarse se añade a la pantalla de inicio con su icono y su nombre, se abre a pantalla completa y puede funcionar sin conexión si se prepara para ello. Para quien la usa es una app; para quien la mantiene es una web.
Lo que se gana
- Una sola cosa que mantener, en vez de una web, una versión de iPhone y otra de Android.
- Se actualiza sola. Corriges algo y el siguiente que la abre ya lo tiene, sin revisiones ni esperas.
- Se reparte con un enlace, que se manda por WhatsApp y funciona en cualquier móvil.
- Sin cuotas de tienda ni cuentas de desarrollador que renovar cada año.
Y sí, manda notificaciones. En Android desde hace años; en iPhone, desde iOS 16.4, siempre que el usuario la haya añadido antes a la pantalla de inicio. Ese «antes» es importante y hay que explicarlo con un dibujo, porque nadie lo adivina solo.
Lo que no se gana
- No está en la tienda, así que nadie te va a encontrar buscando ahí.
- En iPhone hay que enseñar a instalarla: son dos toques, pero dos toques que alguien tiene que contar.
- Algunas funciones del móvil siguen fuera de su alcance, sobre todo las que trabajan en segundo plano.
Lo que cuesta una app de verdad, y no es programarla
El presupuesto de desarrollo se ve venir. Lo que pilla a la gente por sorpresa es la cola que arrastra durante años.
- Dos plataformas. iPhone y Android son dos mundos y, aunque se comparta parte del código, se prueba y se publica dos veces.
- Cada cambio pasa por revisión. Una errata en la web se corrige a las once de la noche; en una app se corrige, se publica y se espera.
- Cuotas fijas. El programa de desarrollador de Apple son 99 dólares al año, y el alta en Google Play, 25 dólares una sola vez.
- Mantenimiento obligatorio. Google Play exige que la app apunte a una versión reciente de Android: si se queda atrás, deja de llegar a los móviles nuevos.
Traducido: una app no se termina nunca, es una suscripción de trabajo. Quien te presupuesta solo el desarrollo te está enseñando la mitad del precio.
«Me han dicho que una app posiciona en Google»
No. En Google sale tu web y sale tu ficha; una app se busca dentro de la tienda, que es otro sitio y otras reglas. Si el objetivo es que te encuentren, el mismo dinero rinde mucho más en la web y en el mapa.
Y si lo que te empuja hacia la app es que la web va lenta en el móvil, eso no se arregla con una app: se arregla arreglando la web. Está contado en por qué tu web va lenta en el móvil.
Te lo decimos en una conversación de diez minutos
Respondemos el mismo día. Sin compromiso y sin discursos.
Las cuatro preguntas antes de encargar nada
- ¿La abriría cada semana quien la tiene que usar?
- ¿Hay algo que el navegador no pueda hacer y que sea imprescindible?
- ¿Quién la mantiene dentro de dos años y con qué presupuesto?
- ¿A nombre de quién van las cuentas de App Store y Google Play?
Si alguna respuesta es «no lo sé», todavía no toca. Y no pasa nada: casi siempre hay una versión más pequeña que resuelve la mayor parte del problema y se puede tener en semanas.
Las cuentas de la tienda tienen que estar a tu nombre
Esto se olvida y luego duele. La app se publica desde una cuenta de desarrollador, y esa cuenta tiene un dueño. Si es de quien te la programó, el día que cambies de proveedor la app se queda allí con sus valoraciones, sus descargas y su histórico.
Es el mismo lío que con el dominio y se evita igual: pidiendo que todo esté a nombre de la empresa desde el primer día. Lo contamos en de quién es tu dominio.
Lo que casi siempre resuelve el problema de verdad

Cuando alguien pide una app, debajo suele haber un proceso que no cuadra: partes de trabajo en papel, pedidos que se apuntan en una libreta, horas que nadie sabe sumar a final de mes, un almacén que no coincide con lo que dice el programa.
Eso se arregla con una herramienta hecha a medida, que se abre igual desde el móvil y desde el ordenador y que casi nunca necesita estar en ninguna tienda. Cuándo compensa construirla está en software a medida: cuándo compensa, y si el problema es más de tareas repetidas que de herramienta, en automatización de procesos: por dónde empezar.
Tres peticiones que llegan como «app» y no lo son
- «Quiero que los clientes pidan hora desde el móvil». Eso es una web con reservas: reservas online para tu negocio.
- «Quiero hablar con los clientes por el móvil». Esa app ya la tienen instalada: WhatsApp Business.
- «Quiero la ficha de cada cliente a mano». Eso es un CRM para negocios pequeños, y se usa más desde el ordenador que desde el móvil.
Cómo lo planteamos nosotros
Empezamos por el proceso, no por la tienda. Miramos qué se hace hoy, quién lo hace y cuántas veces al día, y de ahí sale la pieza que quita más trabajo. Esa pieza se monta primero, se usa unas semanas y se corrige con lo que se aprende usándola, que nunca es lo que se había previsto en la reunión.
Si después sigue haciendo falta una app nativa, que a veces pasa, se construye encima de lo mismo y no desde cero. Es software a medida, y el mismo criterio que aplicamos al elegir gestor lo contamos en WordPress o web a medida.
Cuánto cuesta
Lo que es cuota está publicado en precios: Tu Landing son 100 € al mes y Tu Web 200 €, con dominio, alojamiento, correo y mantenimiento dentro; los planes de presencia van a 400, 750 y 1.500 € al mes. Todo más IVA y sin permanencia.
El software a medida y la automatización de procesos no llevan tarifa publicada porque no hay dos iguales: van por proyecto y con presupuesto cerrado por escrito antes de empezar. Si dentro hay una app, las cuotas de las tiendas y el mantenimiento anual se dicen al principio, no al final.
Por dónde empezar mañana
Cuéntanos tres cosas por el formulario o por WhatsApp: quién va a usar la herramienta, cuántas veces al día y qué hace hoy en su lugar. Con eso te decimos si necesitas una app, si te sobra con una web que se instala o si lo que te hace falta es otra cosa distinta. Si la respuesta es que no te hace falta, también te la damos.
Cuéntanos qué necesitas y te damos un precio
Respondemos el mismo día. Sin compromiso y sin discursos.