Casi todos los proyectos de web empiezan por la parte bonita y se atascan en la misma pregunta: cuántas páginas hacen falta y cómo se llaman. La estructura de una página web no es un tema técnico: es decidir qué vendes y en qué orden lo cuentas, y eso lo sabes tú mejor que nadie.

El menú es el índice de tu negocio
Lo primero que mira alguien que entra en tu web es la fila de arriba. En dos segundos decide si estás vendiendo lo que busca. Si ahí pone «Inicio · Nosotros · Servicios · Contacto», no ha aprendido nada de ti: ese menú vale igual para una gestoría que para un taller.
Cambiarlo cuesta poco y se nota enseguida. «Reparación de persianas» dice más que «Servicios», y además es lo que la gente escribe en Google.
Cuántas páginas necesita una web pequeña
Menos de las que se piensa. Un negocio local funciona con cinco o seis bien hechas, y lo que sobra casi siempre son páginas de relleno que nadie abre.
Las cinco que casi nadie se salta
- Inicio. Qué haces, dónde y cómo se te contacta.
- Una página por servicio principal. Dos o tres, no diez.
- Quiénes somos. Con caras y con el sitio de verdad.
- Contacto. Con teléfono, horario y cómo llegar.
- Los textos legales. Al pie, no en el menú.
Con eso ya tienes una web completa. Todo lo demás —blog, precios, casos, preguntas— se añade cuando haya algo que contar.
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Una página por servicio, y por qué
Es la decisión que más cambia los resultados. Una sola página con los seis servicios mezclados no la encuentra nadie buscando uno concreto, y al que entra le toca leerlo todo para ver si le sirve.
Separadas, cada una puede llevar su título, su explicación, sus fotos y su precio o su horquilla. Y cada una compite por su propia búsqueda.
Qué no va en el menú

- Los textos legales. Van al pie, que es donde todo el mundo los busca.
- Las redes sociales. Sacan gente de tu web justo cuando la tenías dentro.
- Páginas a medio hacer. Si está vacía, mejor que no exista aún.
- Cosas internas. «Área privada» o «Intranet» no pintan nada arriba.
Y una que genera debate: los precios. Si los publicas, tiene sentido que estén en el menú; si no, no hace falta una página vacía que diga «consúltanos». Los dos lados, en poner los precios en la web.
Siete entradas como mucho
A partir de ahí, el menú deja de leerse y empieza a mirarse por encima. El Nielsen Norman Group, que lleva treinta años midiendo cómo se usan las webs, reúne las pautas en su lista de comprobación para el diseño de menús, y casi todas van en la misma dirección: pocas opciones, nombres claros y nada de desplegables de tres niveles.
Si te salen once entradas, el problema no es el menú: es que no has decidido a qué te dedicas principalmente.
El orden importa más de lo que parece
De una fila de opciones se recuerdan la primera y la última. Por eso el servicio que más quieres vender va el primero y el contacto va el último, normalmente destacado como botón.
Lo que no funciona es el orden alfabético ni el orden en que se te fueron ocurriendo.
Cómo se llaman las páginas
Con las palabras de tu cliente, no con las de tu sector. «Reformas de baño» en lugar de «Soluciones integrales de interiorismo». «Precios» en lugar de «Tarifas y condiciones».
Un nombre bueno se entiende sin contexto, cabe en dos palabras y coincide con lo que la gente escribe para buscarlo. De cómo se escriben esas páginas por dentro hablamos en textos para tu página web.
La página de inicio no es un índice
Muchas portadas se limitan a repetir el menú con iconos. Desperdicio: es la página que más visitas recibe y la única donde puedes ordenar el mensaje como tú quieras.
Lo que tiene que hacer la portada en cinco segundos
- Decir qué haces con una frase que no valga para otro negocio.
- Decir dónde estás y a qué zona llegas.
- Dar una forma de contacto visible sin bajar.
- Llevar a los dos o tres servicios que de verdad quieres vender.
Los enlaces internos son el mapa que lee Google
Aquí está la parte que casi nadie trabaja. Los enlaces que van de una página tuya a otra le dicen al buscador cuáles son importantes y de qué van. Google lo explica en sus buenas prácticas de enlaces, y la regla que más importa es simple: que el texto del enlace diga adónde lleva. «Reparación de persianas» sirve; «haz clic aquí» no dice nada.
Los enlaces que vienen de fuera son otra historia y los contamos en cómo conseguir enlaces para tu web. Estos, los de dentro, son gratis y dependen solo de ti.
La regla de los tres clics no existe, pero algo hay
La vieja idea de que todo debe estar a tres clics no aguanta una medición seria: la gente sigue pulsando mientras sienta que va por buen camino. Lo que sí hace daño es no saber dónde estás ni qué viene después.
Por eso importa que cada página tenga una salida clara hacia la siguiente, y no un callejón sin más opción que volver atrás.
Las migas de pan, para saber dónde estás
Esa línea pequeña del estilo «Inicio / Servicios / Reparación de persianas» que aparece arriba. En una web de cinco páginas no hace falta; en cuanto hay categorías, orienta mucho y además sale a veces en los resultados de Google.
Técnicamente va dentro del elemento de navegación de la página, el elemento nav que documenta MDN, y eso es justo lo que permite que un lector de pantalla salte directamente al menú. De eso va la accesibilidad web.
El menú en el móvil

Tres de cada cuatro visitas llegan del teléfono, así que el menú de verdad es el de la pantalla pequeña. Y ahí cambian las reglas: cabe menos y se toca con el pulgar.
Lo que no debería pasar al abrir el menú
- Que tape la pantalla entera y no se vea cómo cerrarlo.
- Que los enlaces estén tan juntos que se falle al pulsar.
- Que el teléfono no esté ahí dentro, a un toque.
- Que al elegir una opción se abra otro submenú y luego otro.
El pie de página también es navegación
Quien llega al final de una página es porque le interesa. El pie es donde tiene que estar lo que no cabe arriba: dirección, horario, teléfono, correo, textos legales y, si acaso, un enlace a las páginas secundarias.
Qué hacer con las páginas que ya no usas
Dos opciones y ninguna es dejarlas ahí. Si el contenido se ha movido, se redirige a la página nueva; si ya no existe nada parecido, se quita y se acepta el error. Lo que no se hace es borrarla sin más y dejar un enlace roto en el menú.
El detalle de cómo se hace sin perder posiciones está en migrar la web sin perder posiciones.
Cómo crece la estructura sin desordenarse
La mayoría de webs no nacen mal: se desordenan. Se añade un servicio, luego una promoción, luego una página para una feria, y a los tres años hay dieciocho páginas y nadie sabe cuáles se visitan.
La forma de evitarlo es tener una regla escrita: cada servicio nuevo, una página; cada promoción, una página temporal con fecha de caducidad; y una revisión al año para quitar lo que no se ha visitado. Con qué se construye todo esto lo comparamos en WordPress o web a medida.
Te lo decimos en una conversación de diez minutos
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Cómo comprobar si la estructura de tu página web funciona
Sin herramientas y en un rato.
La prueba del folio
Escribe en un papel los nombres de todas tus páginas, sin mirar la web. Luego ábrela y compara. Si te has dejado páginas, es que no hacían falta. Si has apuntado alguna que no existe, ahí tienes la que falta.
Después pídele a alguien de fuera que busque una cosa concreta —el precio de un servicio, el horario— y cronométralo sin ayudarle. Si tarda más de treinta segundos, el problema está en el menú. Y si Google no encuentra alguna página, eso se mira en por qué tu web no aparece en Google.
Cuánto cuesta una web bien estructurada
Lo mismo que una mal estructurada, porque el trabajo de decidir se hace igual. En nuestros precios el número de páginas es justo lo que separa un plan de otro.
Estructura de una página web: qué entra en cada plan
- Tu Landing, 100 € al mes: una sola página, bien resuelta. Suficiente si vendes una cosa y la vendes clara.
- Tu Web, 200 € al mes: hasta diez subpáginas, que es de sobra para las cinco imprescindibles más una por servicio.
- Los planes de presencia, de 400, 750 y 1.500 € al mes, añaden tres, cinco o siete artículos mensuales, que también son páginas y también entran en la estructura.
Todo más IVA y sin permanencia, con dominio, alojamiento, correo y mantenimiento incluidos. Si lo que buscas es entender el mercado antes de pedir presupuestos, está el repaso de cuánto cuesta una página web.
Desde Sant Antoni de Calonge, con negocios de Girona y Barcelona
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