Un formulario de contacto parece la parte más tonta de una web: cuatro casillas y un botón. Luego resulta que el botón funciona, el cliente ve el «gracias» y el mensaje no aparece en ningún buzón. Nadie se entera hasta que alguien llama enfadado preguntando por qué no le han contestado.

Un formulario de contacto no es un correo
Conviene saber qué pasa por dentro, porque explica casi todos los fallos. Cuando alguien le da a enviar, el navegador manda lo escrito a tu servidor; ahí un programa lo recoge y prepara un correo; y ese correo tiene que llegar a un buzón que alguien mire. Son tres tramos y en los tres se puede perder.
Si quieres ver de qué está hecha la parte de la página, la guía de formularios de MDN es la referencia que usan los que programamos, y está en castellano.
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Las cuatro maneras de perder un mensaje del formulario
1. El remitente inventado
Es el fallo más común y el más difícil de ver. El programa manda el correo poniendo como remitente la dirección que ha escrito el cliente, y el servidor que lo recibe ve que ese correo no sale de donde dice salir. Lo tira. Lo correcto es enviarlo desde una cuenta de tu propio dominio y poner la del cliente en «Responder a», que es lo que hace falta para contestar con un clic. El material sobre correo electrónico del INCIBE explica esa parte sin tecnicismos. Cómo se monta el correo del dominio lo contamos en correo corporativo.
2. El buzón que ya no mira nadie
El aviso llega, pero a la dirección del que montó la web hace seis años, o a la de alguien que ya no trabaja contigo, o a una cuenta gratuita llena hasta arriba que rechaza el correo nuevo. Lo hemos visto las tres veces.
3. El mensaje que no se guarda en ninguna parte
Si el correo es lo único que hay y el correo falla, no queda rastro: ni sabes que alguien escribió. Por eso dejamos siempre una copia guardada aparte, aunque sea en una hoja de cálculo, y un aviso al móvil de quien contesta.
4. La validación que falla sin decir nada
Un captcha caducado, un campo obligatorio que en el móvil no se ve, un botón que se queda pensando. El cliente da por enviado lo que no ha salido. Estos casos no se detectan mirando el buzón: solo aparecen si pruebas el formulario tú mismo.

Cuántos campos poner: menos de los que crees
Cada casilla de más es gente que se cae por el camino. Con el nombre, una forma de contacto y un hueco libre para contar qué necesita, ya tienes de sobra para responder. El teléfono lo pedimos cuando el negocio contesta antes por ahí que por correo, y el resto de datos se piden después, hablando.
Dos detalles que se notan más que el diseño: que el teclado del móvil salga en modo número cuando toca el teléfono, y que el mensaje de error diga qué falta y dónde. En el curso de formularios de web.dev está todo eso con ejemplos.
El único campo extra que suele merecer la pena
Un desplegable corto con «¿cómo nos has encontrado?». No sirve para nada en el mensaje, pero al cabo de un año tienes la respuesta a la pregunta que más dinero mueve. Cómo se usa eso sin liarse está en de dónde vienen tus clientes.
La casilla de protección de datos
Hace falta, y no es un adorno: una casilla sin marcar por defecto y un enlace a tu política de privacidad, donde se diga quién recoge los datos y para qué. Las páginas legales que necesita una web las repasamos en textos legales para tu web.
El spam, sin volverse loco
Un formulario abierto recibe basura, es ley de vida. Con tres cosas se quita casi toda: un captcha discreto, un campo trampa que las personas no ven y los robots rellenan, y un límite de envíos por minuto desde la misma dirección.
Lo que no funciona es quitar el formulario y dejar el correo escrito en la página. Los robots lo copian igual, y encima pierdes a la gente que prefiere escribir desde el móvil sin abrir su programa de correo.
Qué tiene que pasar después de darle a «enviar»
Tres cosas, y ninguna es complicada. Un mensaje de gracias que se vea de verdad, no un cambio de color. Una copia al cliente con lo que ha escrito, que sirve de resguardo para los dos. Y un aviso al móvil de quien vaya a contestar, porque el correo se mira cuando se mira. De lo que pasa a partir de ahí hablamos en cuánto tardas en contestar.
Te lo decimos en una conversación de diez minutos
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La prueba de los cinco minutos
Hazla hoy, con el móvil y con datos de verdad, como si fueras un cliente:
- Rellena el formulario con tu nombre y una dirección tuya que no sea la del negocio.
- Comprueba que el aviso llega, y mira también la carpeta de no deseados.
- Dale a responder en ese aviso y mira si el correo sale hacia el cliente o hacia ti mismo.
- Mira si al cliente le ha llegado la copia.
- Repite desde el móvil con datos móviles, sin la red de casa.
Si falla cualquiera de los cinco pasos, el formulario está roto aunque parezca que funciona.
Por qué un formulario de contacto se rompe solo
Casi nunca se rompe por sí mismo: se rompe cuando se toca algo al lado. Un cambio de alojamiento, una migración, un cambio de proveedor de correo, una actualización del gestor de contenidos o una contraseña que caduca. Nosotros lo probamos cada mes y después de cada cambio, y va dentro del mantenimiento.

WhatsApp al lado, no en lugar del formulario
En negocios pequeños el botón de WhatsApp se lleva la mayoría de los primeros contactos, y por eso lo ponemos siempre a la vista. Aun así el formulario sigue haciendo falta: para quien no quiere dar su número, para quien escribe a las once de la noche desde el ordenador del trabajo y para cuando hace falta adjuntar un plano o una foto y que quede constancia.
Cuánto cuesta tener el formulario en condiciones
Si la web la hacemos nosotros, esto va dentro y no se cobra aparte. Nuestros precios están publicados: Tu Landing son 100 € al mes y Tu Web 200 €, más IVA y sin permanencia, con dominio, alojamiento, correo y mantenimiento incluidos, y el dominio se registra a tu nombre. En los planes de presencia (400, 750 y 1.500 € al mes) también va incluido, junto con los artículos y las publicaciones.
Si ya tienes web y sospechas que el formulario no llega, lo miramos y te decimos qué pasa. Arreglarlo suele ser cosa de un rato, y lo que cuesta de verdad es el mes que has estado sin enterarte.
Trabajamos desde Palamós, con negocios de Girona y Barcelona
Montamos webs y las mantenemos desde aquí, y el formulario es de las pocas cosas que comprobamos una por una todos los meses, porque es por donde entra el trabajo. Si quieres que le echemos un ojo al tuyo, mándanos la dirección de tu web y te contamos qué encontramos.
Cuéntanos qué necesitas y te damos un precio
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