Abres tu web desde un móvil que no es el tuyo y, al lado de la dirección, donde esperas ver un candado, aparece la palabra «No seguro». Esa etiqueta la pone el navegador solo, sin avisarte, cuando falta un certificado SSL, y asusta más de lo que parece: mucha gente cierra la pestaña sin leer una línea. La buena noticia es que casi siempre es de lo más fácil y barato de arreglar de toda tu web.

Qué es un certificado SSL (y qué significa el candado)
Un certificado SSL es lo que cifra la conexión entre el navegador de quien te visita y tu web. Con él puesto, todo lo que se escribe por el camino —un correo en un formulario, una contraseña, los datos de una tarjeta— viaja en clave y no en claro, y la dirección pasa a empezar por HTTPS. Es la diferencia entre mandar una carta en un sobre cerrado y mandarla en una postal que puede leer cualquiera que la toque; si quieres el detalle técnico, MDN lo explica bien.
El candado del navegador no promete que detrás haya una empresa honrada. Promete otra cosa, más concreta: que nadie por el camino puede leer ni cambiar lo que se manda. Es importante entenderlo, porque de ahí salen la mitad de los malentendidos sobre lo que un certificado hace y lo que no.
Por qué tu navegador dice «No seguro»
Desde hace años, Chrome, Safari y Firefox marcan como «no seguras» todas las webs que van por HTTP a secas, sin la S del final. No es un castigo para ti en concreto: es el comportamiento por defecto para cualquier página sin cifrar. El aviso aparece por alguna de estas razones, y todas se arreglan.
- No hay certificado. La web nunca llegó a tener uno.
- Está caducado. Lo tenía, nadie lo renovó y un día dejó de valer.
- Está mal puesto. Existe, pero no cubre el dominio con el que la gente entra (por ejemplo, cubre tudominio.com pero no www.tudominio.com).
- Hay contenido mixto. La página va por HTTPS pero carga por dentro una imagen o un script por HTTP, y eso rompe el candado.
Qué pierdes cuando tu web sale como no segura
El daño no es teórico, y no se ve en ningún panel: se ve en la gente que llega, lee «No seguro» y se va.

Lo primero que pierdes es confianza. Quien iba a comprar o a dejarte sus datos se lo piensa dos veces, y muchos no vuelven. Lo segundo, los formularios: pedir un teléfono o una tarjeta en una página sin candado es pedirle a alguien que confíe justo cuando el navegador le está diciendo que no lo haga. Y lo tercero, posicionamiento: Google lleva años tratando el HTTPS como una señal a favor, y lo cuenta en su propio material sobre por qué importa el HTTPS.
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HTTPS y posicionamiento: lo que mira Google
No es el factor que más pesa en el buscador, pero es de los más baratos de arreglar, y a diferencia de otros, este depende solo de ti. Una web bien servida por HTTPS le quita a Google una excusa para dudar de ella. Y hay una capa más nueva: los asistentes de IA que resumen y recomiendan negocios tienden a fiarse menos de una web que da errores de seguridad, así que el candado también juega en tu posicionamiento GEO.
Cómo se pone un certificado SSL
Ponerlo es rápido; dejarlo bien puesto es lo que separa un candado que aguanta de uno que se rompe cada dos por tres. Estas cuatro cosas son las que importan.
El certificado gratis que usa medio internet
No hace falta pagar por un SSL en la mayoría de los casos. Let's Encrypt, una entidad sin ánimo de lucro, emite certificados gratis que usan cientos de millones de webs, y casi cualquier alojamiento decente los instala en un clic. Un certificado de pago solo compensa en casos muy concretos, y no es el de una web de negocio normal.
Redirigir todo a HTTPS
Tener el certificado no basta. Hay que forzar que todas las direcciones antiguas por HTTP salten a la versión con HTTPS; si no, quedan páginas sueltas sin candado y Google llega a ver dos webs distintas, la segura y la que no, compitiendo entre ellas.
El «contenido mixto» que rompe el candado
Una sola imagen, una fuente o un script cargados por HTTP dentro de una página segura y el candado desaparece. Se arregla sirviendo absolutamente todo lo de la página por HTTPS; es la causa número uno de un candado que va y viene sin explicación aparente.
Que se renueve solo
Los certificados de Let's Encrypt caducan a los noventa días. Bien montado, se renueva solo y no te enteras. Mal montado, un día amaneces con la web en rojo y sin que nadie haya tocado nada; cuando una web «se cae» de golpe, esto está entre los primeros sospechosos, como contamos en se ha caído la web.

Lo que un certificado SSL NO hace
Aquí es donde conviene bajar las expectativas para no llevarse un susto. Un certificado SSL cifra la conexión, y ya. No es un antivirus ni te protege de que te entren en la web: eso va por otro camino, el que contamos en por qué hackean las webs pequeñas. No garantiza que la empresa de detrás sea de fiar, porque el candado lo puede tener cualquiera, también los malos. Y no hace tu web más rápida por sí solo. Cifra lo que viaja; ni más ni menos.
El certificado y tu dominio van de la mano
El certificado se emite para tu dominio, así que todo va más fino cuando el dominio es tuyo y está a tu nombre. Si el alojamiento tira de un proveedor y el dominio de otro, y ninguno de los dos es tuyo del todo, el SSL es de las primeras cosas que se lían el día que quieres mover algo. Por qué conviene tener el dominio a tu nombre lo contamos en de quién es tu dominio.
Te lo decimos en una conversación de diez minutos
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Cuánto cuesta
Casi siempre, nada aparte. En cualquiera de nuestros planes el certificado SSL va incluido con el alojamiento, sin línea suelta en la factura: Tu Landing son 100 € al mes y Tu Web 200 €, y los planes de presencia completa van a 400, 750 y 1.500 € al mes, todo con hosting, correo y mantenimiento dentro. Está publicado en precios, más IVA y sin permanencia, y lo que incluye el alojamiento lo detallamos en qué hosting necesita tu web.
Qué mirar hoy en tu web
No hace falta saber de esto para hacer una revisión rápida. Abre tu web y comprueba que al lado de la dirección hay un candado y no un aviso. Prueba a entrar escribiendo http:// a mano delante de tu dirección y mira si salta sola a la versión segura. Fíjate en si alguna página en concreto pierde el candado, que suele ser el contenido mixto. Y, si puedes, mira la fecha de caducidad del certificado. Cualquiera de esas cosas que falle se arregla en un rato.
Por dónde empezar
Mándanos la dirección de tu web por el formulario o por WhatsApp y te decimos en cinco minutos si el certificado SSL está bien puesto, si le falta la redirección a HTTPS o si el candado se te rompe por una imagen suelta. Si ya está todo correcto, también te lo decimos y no te vendemos nada que no necesites.
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