Sabadell tiene una mezcla poco habitual: comercio de calle con clientela de toda la vida, industria y servicios que venden a otras empresas, y una capital a media hora en tren. Esa combinación cambia lo que tiene que hacer una web. En diseño web en Sabadell el error más caro no es elegir mal los colores: es montar una web de escaparate cuando lo que necesitas es una que traiga presupuestos.

Tu web compite con las de Barcelona
Un cliente del Vallès que busca un proveedor no filtra por municipio. Escribe lo que necesita y compara lo que le sale, esté en Sabadell, en Terrassa o en el Eixample. Eso tiene dos lecturas.
La mala: te comparan con webs hechas con presupuestos más grandes. La buena: casi ninguna de esas webs responde a lo que la gente pregunta de verdad. Una web local que dice claro a qué se dedica, para quién trabaja, cuánto cuesta más o menos y cómo contactar, gana muchas comparaciones sin gastarse una fortuna.
Qué se está pagando por una web por aquí
Las opciones que se ven en la zona son tres, y conviene no mezclarlas:
- Plantilla rellenada. Barata y rápida. Sirve para existir; cada cambio posterior se paga y el resultado se parece al de otros veinte negocios.
- Proyecto a medida en pago único. Diseño propio, estructura pensada y textos trabajados. El punto flaco suele ser el después: se entrega y nadie la vuelve a tocar.
- Cuota mensual. La web entra dentro de un servicio con alojamiento, correo, cambios y contenido. Sale mejor cuando la web tiene que moverse cada mes.
Lo caro no es ninguna de las tres: lo caro es pagar la segunda y recibir la primera. Si te enseñan el diseño a los dos días de encargarlo, casi seguro que es una plantilla.
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Si vendes a empresas, la web es otra cosa
Buena parte del tejido de Sabadell y del Vallès Occidental vende a otras empresas: talleres, industria auxiliar, distribución, servicios técnicos. Ahí la web no tiene que emocionar a nadie, tiene que dejar claro que sabes hacer lo que dices. Lo que marca la diferencia:
- Qué haces exactamente y para quién. Sectores, materiales, tolerancias, tamaños de pedido. El comprador técnico descarta rápido lo que no encaja.
- Trabajos hechos. Cuatro casos con foto y una línea de contexto valen más que cualquier adjetivo.
- Un formulario que sirva para pedir presupuesto, con los campos que de verdad necesitas para contestar y sin doce casillas de relleno.
- Certificaciones, homologaciones y plazos habituales. Si tu cliente lo va a preguntar por teléfono, ponlo escrito.
Cuando el proceso se complica —presupuestos que se montan uno a uno, pedidos que entran por tres canales— la web se queda corta y lo que hace falta es software a medida o automatizar el proceso. Te lo diremos si es tu caso.

Si vendes en el barrio, manda el mapa
Para un comercio, una clínica o un taller de coches de Sabadell, la mayoría de búsquedas acaban en el mapa de Google, no en la web. Ahí no entras por tener la página más bonita: entras por tener la ficha completa, con la categoría bien puesta, fotos recientes, horarios que cuadren y reseñas contestadas. Las normas de Google para representar tu negocio son más estrictas de lo que la gente cree con los nombres y las direcciones.
En una ciudad de más de doscientos mil habitantes —los datos municipales están en el Idescat— el mapa además filtra por barrio. Quien busca desde Can Rull no ve lo mismo que quien busca desde el centro. Por eso conviene que la dirección, la zona de servicio y los horarios estén afinados, y que la web tenga una página por servicio a la que apuntar desde la ficha.
Catalán y castellano, sin duplicar la web
Aquí se busca en los dos idiomas y no siempre en el mismo. Lo razonable es tener las páginas que venden en catalán y en castellano, con las etiquetas de idioma bien puestas para que Google sirva la versión correcta, y no traducir por traducir el resto. Si tu cliente escribe «reparació» y tú solo publicas «reparación», esa búsqueda se la lleva otro.
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La velocidad no es un detalle técnico
Buena parte de las visitas llegan desde el móvil, muchas veces con datos y por la calle. Si la portada pesa varios megas —fotos subidas tal cual, un vídeo de fondo, plugins que se instalaron para probar algo—, una parte de esa gente se va antes de ver nada. Y eso no sale en ninguna estadística: quien se cansa y vuelve atrás no llega a contar como visita. Google publica las métricas con las que mide esa experiencia de carga, los Core Web Vitals, y se pueden comprobar gratis. Antes de encargar una web nueva, abre la que tienes con datos móviles y cuenta los segundos hasta que se ve entera: es la prueba más barata que hay.
Qué cuesta con nosotros
Está publicado en nuestros precios, mensual y más IVA:
- Tu Landing, 100 € al mes: una página que explica lo que haces y recoge contactos, con hosting de alto rendimiento y un buzón de correo.
- Tu Web, 200 € al mes: hasta diez páginas, dos buzones y un artículo mensual para que no se quede parada.
- Presencia Básica, 400 € al mes: además de la web, migración incluida, diez buzones, tres artículos en la web y tres en la ficha de Google, respuesta a todas las reseñas y posicionamiento GEO.
No hay permanencia: se factura mes a mes y para dejarlo basta con avisar con treinta días. Si prefieres un pago único, también se puede plantear; lo desglosamos en cuánto cuesta una página web.
Cuánto se tarda y qué hace falta de tu parte
Una landing seria sale en una o dos semanas. Una web de diez páginas, entre tres y seis, y lo que más retrasa casi nunca es el diseño: son los textos y las fotos. Lo que necesitamos de ti al principio es poco pero concreto:
- Una lista de lo que vendes, ordenada por lo que más te interesa vender.
- Fotos reales del taller, el local o el equipo. Las de banco de imágenes se notan y restan.
- Las cinco preguntas que más te hacen por teléfono. De ahí salen media web y las preguntas frecuentes.
Lo que pasa el día después de la entrega
Una web es software: se actualiza, se rompe y hay que vigilarla. Alojamiento, copias, actualizaciones de seguridad y los cambios pequeños del uso diario van dentro de la cuota. Si contratas por pago único, pregunta siempre quién se ocupa de esto y cuánto cuesta al año, porque una web abandonada deja de traer clientes en cuestión de meses.

Cinco preguntas antes de encargarla
- ¿A nombre de quién queda el dominio? Tiene que ser el tuyo, con acceso incluido.
- ¿Quién escribe los textos? Si los escribes tú, que se descuente; si los escriben ellos, que se note que han preguntado a qué te dedicas.
- ¿Qué incluye el mantenimiento y qué se factura aparte?
- ¿Cómo se mide si funciona? Llamadas, formularios y mensajes de WhatsApp, no visitas sueltas.
- ¿Qué pasa si me quiero ir? La respuesta correcta es que te llevas la web y los accesos.
Cómo trabajamos con empresas del Vallès
Nuestra oficina está en Palamós y trabajamos con Sabadell, Terrassa, Badalona, Granollers, Sant Cugat o Mataró combinando el remoto con visitas cuando hace falta vernos. En la práctica, la parte que pide estar delante es la primera: entender qué vendes y a quién. El resto se lleva bien por videollamada y suele ir más rápido.
Hablas con quien hace el trabajo, el presupuesto se cierra por escrito antes de empezar y, si lo que necesitas no es una web nueva sino ordenar la ficha de Google o quitarte trabajo repetitivo, lo decimos aunque signifique vender menos. Puedes ver el resto de servicios en marketing digital.
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